10 de febrero de 2004
Amor... ¿qué es el amor? - me pregunté.
He aquí un... ¿monólogo o diálogo?, ¿Ensayo filosófico - teológico?,
¿Conversación con "Dios”? ¿O con la naturaleza divina que tiene cada ser?, no lo sé...
Sólo hablé con él, conmigo, con sus latidos...
- Amor... ¿qué es el amor? - me pregunté.
- El amor es tu compañero porque te acompaña - dijo una voz.
Sentí miedo, aquella frase surgió espontáneamente de entre los rincones de mi ser, no la había escuchado antes, no la había pensado, simplemente pregunté y obtuve respuesta inmediata. No estaba acostumbrado a aquello. Cada palabra seguía latiendo en mi mente como el eco de mi propia voz, pero no sabría explicarlo, si era yo, o no era yo. Turbado y nervioso por el acontecimiento, no pude concentrarme en el significado de aquel regalo en forma de frase, hasta pasado unos minutos... ¿Cómo podía ser yo el que dijera aquellas palabras, si ni siquiera las había pensado, ni supe de su significado hasta poco después? ¿Acaso el inconsciente tiene conciencia propia? Al poco comprendí que mis preguntas estaban empezando a apagar algo que seguía latente en mi interior, y hablé con él, y le dejé hablar...
– Ah... el amor es entonces compañía - le respondí.
- Sí.
- Pero a veces puedo estar en compañía de una persona y no sentir amor-
le repliqué contundentemente, pensando que no obtendría una buena respuesta...
- Lo sientes, pero no lo sabes. Un compañero sólo es compañero cuando te acompaña. Cuando una persona acepta este regalo empieza a sentir amor- me contestó sin titubeos, como si supiera que estaba poniéndole a prueba.
Su respuesta surtió efecto, me quedé pensativo y a mi mente vinieron recuerdos de tristeza y dolor. Unos sentimientos que una vez me llevaron a pronunciar una sentencia en forma de frase, y que tenía guardada desde hacía tiempo en el fondo de mi alma:
- Una vez pensé que no debería creer en algo que podía tener tantos rostros, dije que el amor tenía muchas caras... ¿Por qué siendo la misma cosa es tan diferente? - E insistí.
- A ver... ¿Me estás diciendo que para todos los casos el amor es aceptar una compañía? –
- Sí.
- Pero... ¿Y qué pasa con la persona que ama y no es correspondida?-
Creí dar en el clavo.
- Tiene miedo. En verdad te digo que aquel que ama y obra con el corazón será correspondido. Pero además te digo que el hombre no tiene paciencia, se desespera con facilidad,
es esclavo del tiempo-
Me rendí, no sabía ante que naturaleza me encontraba, pero se enfrentó a mi miedo y lo venció. A partir de entonces empecé a escucharlo con benevolencia, con una mayor disposición por aprender de sus palabras.
- Entonces los principales enemigos del amor son el miedo y el tiempo
¿no es así? - Le pregunté resignado-
- No, esos son los principales enemigos del hombre. El amor no tiene enemigos,
incluso la envidia es amor- Me repuso-
-¿La envidia amor? –
- Si, el amor tiene parte de admiración, pero el miedo puede hacer que esa admiración se vuelva ofensiva, el miedo distorsiona el amor en aquellos que lo padecen-
- El miedo... ¿Quieres decir que cuanto menos miedo tiene una persona,
más capacitada está para amar y ser amada?-
- Exacto.
- Se pueden tener muchos tipos de miedo... - Quise marear la perdiz sin
saber que iba a caer en mi propia trampa.
- El amor tiene tantas caras... ¿No es así? - Me replicó.
No pude evitar soltar una carcajada, noté como él y yo nos reímos al unísono,
al mismo latir...
– Entonces... ¡No es el amor el que tiene tantas caras! ¡Es el miedo!-
Contesté eufórico por haber derrotado aquella lapidaria frase sobre el amor.
- Más o menos... - La primera vez que me contestaba ambiguamente.
-¿Cómo que más o menos?- Le pregunté consternado.
- Sí. El miedo como bien has comprendido distorsiona la realidad, y es esta la que cambia, no el miedo, el miedo es sólo el factor que altera el producto. El miedo en su origen es falta de fe-
-¿Falta de fe?-
- Falta de fe es falta de confianza en Dios, y Dios está en todo, incluso en ti mismo, y en los demás. Cuando desconfías de ti mismo o de alguien estás desconfiando de Dios, y por tanto tienes falta de fe. Ese es el origen del miedo.-
- La cosa se complica... Sobre todo cuando metemos a Dios de por medio.
¿Y qué es Dios?- Le pregunté molesto por aquella extraña intromisión “celestial” en una conversación que hasta ahora estaba siendo interesante. Tal vez por mi condición escéptica a estos asuntos, quise hacerle la pregunta clave para dejarle sin salida y retomar el tema anterior.
- Me conformo con que pienses que Dios es la excusa para no tener miedo.
El hombre no puede entender qué es Dios porque se empeña en darle una identidad.
Tenéis la mala costumbre de encasillar las cosas, para luego poder así tenerlo todo a vuestro alcance, pero Dios no es algo que pueda sostenerse entre las manos, se escurriría como el agua entre los dedos, aunque “ese agua” también forme parte del interior del hombre, en el exterior no podríais “sostenerla” en su “estado puro”. Dios no es algo aparte, Dios está en el hombre, es el ser y el no – ser, lo infinito en lo finito, lo increado dentro de lo creado...
Seguía en sus trece, pero qué quería decir...
-¿Entonces Dios es la conciencia? ¿La conciencia del hombre sin miedo?- Creí haber acertado...
-¡La conciencia!, ¡También así le habéis querido dar identidad!, la conciencia... ¡Como si fuera algo ajeno al hombre! - Dijo algo alterado, para seguir a continuación y finalizar así nuestro "diálogo":
- Sí, el hombre sin miedo ha dejado de ser hombre, se ha convertido en existencia divina.
Pero sólo Dios en su estado puro puede lograr esto, incluso las almas más puras y perfectas pueden llegar a tener miedo alguna vez. El hombre es de las criaturas más temerosas y por eso debe vencer sus miedos, sabiendo que el amor es el único camino.
-¿?
- Sí, debo vencer mis miedos, amaré.
Entremispalabras









